blood test (42)

Tómate un momento y piensa en el Rey Saúl y su dilema frente al ejército de Filistea. Goliat, el campeón de los filisteos se paró frente al ejército del Rey Saúl, burlándose de él y de su Dios. El rey se da cuenta de su desventaja frente a ellos: eran superiores y más numerosos, y su ejército le temía a los filisteos. Incluso Saúl, un rey que parado sobrepasaba por una cabeza a cualquier otro israelita (1 Samuel 9:2), estaba impresionado y atemorizado. Entonces un niño de nombre David se levanta y dice: “Que el corazón de ningún hombre decaiga por su causa; su siervo irá y peleará contra este filisteo”. David, con el poder de nuestro Dios Santo, y armado con tan sólo una honda y una roca, fue imparable en su decisión de destruir al enemigo. El cambió a todo un reino.

Según la costumbre en Northampton Nueva Inglaterra, los hombres y mujeres jóvenes se casaban en la adolescencia; pero debido al crecimiento tan rápido de la población, muchos de ellos no pudieron casarse, pues la sobrepoblación generó escasez de tierra y eso no les permitía ser autosuficientes. En consecuencia, los adolescentes quedaban atrapados en el aburrimiento, el chisme y los pecados sexuales. Eso los convirtió en la generación perdida, algo que desconcertó a sus mayores. Entonces llegó el gran evangelista Jonathan Edwards y vio el potencial en esos jóvenes. Edwards señaló los pecados de los muchachos y muchos de ellos se unieron a la iglesia arrepintiéndose de sus pecados y movidos por un profundo y sincero amor a Dios iniciaron el “Gran Despertar de 1734-35”. Esos jóvenes cambiaron a una nación entera.

En 1857, en Chicago Illinois, el número de chicos desamparados crecía. La mayoría de la gente no quería lidiar con niños de las clases bajas, pensando que eran menos que ellos. D. L. Moody pensó de otra manera; él vio un gran potencial en esos muchachos. El deseo de Moody fue alcanzar a la juventud “perdida” de la ciudad, los chicos con poca o ninguna educación de situación familiar menos que ideal y circunstancias económicas de pobreza. Este hombre inició una escuela dominical para esos jóvenes que muy pronto, rebasó la capacidad del lugar donde lo hacía. ¡Esta escuela dominical de “jóvenes” perdidos fue el trampolín para el “Gran Despertar de 1857-58“ Esos chicos cambiaron continentes.

En este momento en la ciudad de México (Distrito Federal), un ejército de chicos está durmiendo en la calle. La gente los da por perdidos. Se burlan de ellos, los maldicen y hasta los llaman “escoria”, hartos de verlos intentando limpiar el parabrisas de su auto. Estos muchachos, los “perdidos” de la ciudad, chicos con poca o ninguna educación, con situaciones familiares menos que ideales y condiciones económicas de pobreza, están esperando que alguien los levante de entre las cenizas (1 Samuel 2:8) para darles una oportunidad. ¿Quién lo hará? ¿Serás tú?

¿Qué sucedería si los cristianos, como luz de la ciudad de México, comenzaran a buscar a estos chicos con el amor de Dios? ¿Qué ocurriría si nos reuniéramos con estos jóvenes y los amáramos incondicional y poderosamente? Ellos cambiarían. . . verían el mundo de una forma diferente. Y tan sólo por honrar a Dios y buscar a estos chicos de la calle, estaríamos cambiando la ciudad de México.

En la primera carta de Juan 3:18 y 19 dice: “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. En esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él”.

Miremos las cosas de aquí a cien años. Imagina que como creyentes en Cristo en esta generación, buscamos a los chicos de la calle de la ciudad de México con un amor apasionado que rompió todas las cadenas y mostramos el amor que Jesús tiene para ellos. ¿Este ejército de jóvenes perdidos, con el poder de Dios, cambiaría la ciudad de México? ¿Cambiaría Latinoamérica? ¿Cambiaría el mundo?

La historia y la Palabra de Dios (Filipenses 4:13) dirían que sí.

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