Samurai

Samurais y el Arte de la Perfección.

Tenemos la imagen de los antiguos guerreros Samurai practicando el arte del tiro al arco. ¡Lucen magníficos! Buscando llegar a la perfección, mientras intentaban dar en el blanco. Sin embargo, sin importar cuanto entrenaran, al final, nunca lograban llegar a su objetivo de perfección. Si su imperfección venía de un arco y una flecha defectuosos, del temblor de sus manos, de una respiración inadecuada o simplemente de tener un mal día, los Samurai sabían, muy dentro de sí, que no podían ser perfectos. ¡Era simplemente imposible!

Una Simple Prueba.

La gente de hoy, tenemos algo en común con los Samurai. Por más que lo intentamos, no podemos alcanzar la perfección. Cabalmente creemos que somos buenos y, si hay un Dios, ciertamente creemos que somos lo suficientemente buenos como para ir al Cielo.

Existe un Dios en el Cielo y Él es perfecto, santo, recto, amoroso y justo. Y Él tiene un examen que puedes hacer para saber si podrás entrar en el Cielo. ¿Listo?

¡Aquí vamos! ¿Has mentido? (Un estudio de la Universidad de Massachusetts asegura que el promedio de mentiras, que una persona dice, es de cuatro por día. Dios advierte que los mentirosos tendrán su lugar en el lago de fuego). O, ¿has robado, incluso una cosa pequeña, o mirado a alguna persona con lujuria? ¿Has utilizado el nombre de Dios en vano o te has enfurecido con alguien? (A los ojos de Dios, esto es lo mismo que un homicidio.) Si has respondido que si, a alguna de estas preguntas, entonces has reprobado el examen para entrar al Cielo. El Estándar Santo de Dios se basa en los Diez Mandamientos y, la prueba anterior, sólo contiene cinco de los diez.

¿Eres Verdaderamente Culpable?

Como Dios es perfecto, entonces, quiere decir que Él es el Juez perfecto. Piensa en la razón por la que el juez, en tu ciudad, se sienta en el estrado. Ocupa ese lugar porque se le considera digno de confianza, y porque puede sopesar la circunstancia y la evidencia del caso para dictar un veredicto justo.

Digamos que tú estás frente al juez, siendo culpable de un crimen grave. Él está a punto de dictar la sentencia cuando tú dices: ¡ESPERE! ¡Señor Juez, sé que he hecho mal y ahora lo veo claramente! Cambiaré y seré una mejor persona. Yo sé que usted es un juez justo y que me dejará libre. La repuesta del juez, simple y correcta, debería ser: -Porque soy justo, es que debo darte una sentencia. Es por eso que estoy como juez en el estrado.

Todos hemos pecado y debemos ser sentenciados, y la condena por nuestro pecado es la que se estipula claramente en Romanos 6:23. Imagínate que estás nuevamente en la corte y el juez está por dictarte sentencia cuando, desde el fondo de la sala, escuchas a alguien decir: ¡Espere, yo cumpliré su condena! Y, sin más, su sentencia es traspasada a alguien más.

Prueba del Amor de Dios.

Eso es lo que Jesús hizo por nosotros hace 2000 años. Un Salvador sin pecado bajó del cielo, en forma humana, para ser sacrificado y para darnos una segunda oportunidad. Murió en la cruz por el perdón de nuestros pecados (1 Pedro 2:24) y resucitó el tercer día para demostrar que Él es Dios. Esta es la más elevada forma de amor (Juan 3:16). Tu único requisito es que te apartes de tu vida pasada (del pecado) y que te vuelvas hacia Dios (Hechos 3:19). Esto es el arrepentimiento y es algo obligatorio para entrar al Cielo.

Considera Cuidadosamente tus Opciones.

Tu otra opción es rechazarlo cuando Él trata de alcanzarte. Esto nos trae de vuelta a lo que dice Romanos 6:23 –el versículo que establece que el pecado lleva a la muerte– sobre vivir separados de Dios, eternamente, en el Infierno. La palabra Infierno es desagradable pero es un lugar muy real. En la Biblia, Jesús habla más sobre el Infierno que del Cielo mismo. Esto debería ser un verdadero indicador de que nuestro predicamento es serio y que deberíamos ser cuidadosos sobre lo que hacemos al respecto.

Aunque Dios es justo, es también porque Él es misericordioso que tenemos esta increíble oportunidad a través de Su indefectible amor. Es claro que hemos pecado y que no hemos vivido de acuerdo a Su estándar de justicia. Aun así, Dios ha provisto una inmerecida ayuda divina, la Gracia.

Piensa en cuál es tu situación frente al Dios Santo. Al igual que lo que los antiguos Samurai sabían, muy dentro de sí, sobre su incapacidad de ser perfectos, nosotros sabemos que tenemos un Dios, y que no hemos alcanzado su Estándar Divino. Él te ha buscado con un amor imperecedero y está listo, esperando a que te arrepientas y te vuelvas a Él. ¿Qué harás ahora?

Debes saber que Dios te ama (Juan 3:16). Vuélvete humilde; arrepiéntete de tus pecados (Hechos 3:19) y pon tu fe sólo en Jesucristo para que Él te salve.

Este encuentro no ha sido una casualidad sino ha sido dispuesta por nuestro Dios Santo.

Para mayor información no dudes en contactarnos.

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