Un centavo no tiene valor

El otro día, de pasada, escuché a alguien decir, – ¡Un centavo no tiene valor!

Reflexionando  sobre lo que había escuchado, su apreciación empezó a tener sentido. Me puse a pensar como un centavo realmente no tiene un valor monetario y, de hecho, no es de las monedas más limpias. Peor aún, el espacio que ésta pequeña moneda ocupa, teniendo un valor tan pequeño, ¡es ridículo! ¡Vaya!, concluí, ¡tienen razón!

Seguí pensando. . . con más profundidad: Los centavos ¿realmente no tienen valor?

Me considero bendecido pues estoy en una posición que me permite hablar con ministerios que trabajan dentro y fuera de los Estados Unidos. Como estos ministerios trabajan por los indigentes, las historias que escucho a menudo son desgarradoras. Sufro al saber del gran número de padres en el mundo que, literalmente, ven morir a sus hijos en sus brazos.

Tú, ¿eres padre? ¿Puedes imaginar la desesperanza y la agonía que sienten estos padres? La mayoría de nosotros, no podemos. Nuestra realidad es diferente. Pero, ¿puedes pensar en alguna ocasión en la que tu hijo, o algún ser querido, hayan sufrido una injusticia sin mayor importancia? Tal vez el entrenador no le dio suficiente tiempo de juego en el partido a tu hijo, o un niño se metió enfrente de tu hijo en la línea. ¿Cómo te sentiste? Un poco alterado. . . quizá hasta enojado. Ahora, piensa en cómo se sienten los corazones de los padres cuando, por circunstancias fuera de su alcance, no pueden proveer  alimento y vestido apropiados a sus hijos; piensa en aquellos que, sin poder hacer nada, ven a sus hijos sufrir y morir.

Estamos atrapados en el ajetreo de nuestra vida diaria aquí, en Estados Unidos, en Europa y en las lujosas ciudades asiáticas, ¿no te parece? Vivimos ocupados, yendo y viniendo de un lugar a otro, intentando hacer que el día nos rinda un poco más y preocupándonos por cosas que en diez días, diez semanas, diez meses o diez años probablemente no importarán en lo más mínimo.

Esto no es lo que Dios planeó para su preciosa creación –nosotros. Dios nos diseñó para amarnos los unos a los otros, y Él nos mandó a amarnos mutuamente. Cuando estamos en un estado de amar, somos nuestro mejor yo pero, desafortunadamente, mucho en este mundo nos lleva a vivir ensimismados y a aislarnos cada vez más de las comunidades en las que vivimos. Vivimos enfocados en cómo hacer más por nosotros mismos, rara vez pensando en lo que Dios verdaderamente desea para nosotros. Pero, ¿qué tiene que ver el centavo con todo esto?

He visto cuando a la gente se le cae un centavo. Lo ve caer, se le queda mirando por un momento y luego continua con su día como si nada.

Realmente, un centavo, ¿cuánto vale? Pregúntale a las multitudes en África que están muriendo de SIDA, que no pueden alimentar a sus hijos y que no tienen un hogar, y verás que para ellos un puñado de centavos tiene gran valor.

Pregúntales a los de la casta más pobre de India, a los huérfanos en Latinoamérica o a las víctimas de guerra en países como Afganistán. Encontrarás que tu centavo es una gran bendición.

El ministerio Búsqueda Sin Cesar está asociado con otros ministerios que trabajan día y noche para convertir centavos en productos que salvan la vida de personas necesitadas, a través de soluciones como éstas:

Comida – Con tan sólo ocho dólares puedes alimentar a un niño por un mes. Con $32 a $45 puedes darle todos los cuidados, por un mes. ¿Puedes creer que ocho dólares pueden salvar la preciosa vida de un niño?

Malaria –Ésta enfermedad está devastando a los pueblos africanos. Pero hay una manera accesible y fácil para controlar este problema. El costo para fabricar, enviar y distribuir una red de ayuda para combatir la malaria es de solamente diez dólares. Existe una medicina derivada de la Artemisinina –extracto de un remedio herbal de la medicina tradicional china–  que es muy efectivo para tratar casos de esta enfermedad, a un costo aproximado de un dólar por tratamiento.

Agua –La diarrea mata a más niños pequeños que el SIDA, la malaria y el sarampión, juntos. Ochocientos ochenta y cuatro millones de personas en el mundo se proveen de fuentes de agua no aptas para el consumo humano, lo cual trae como consecuencia una carga desenfrenada de enfermedades diarreicas. El agua sucia es una fuente primaria de enfermedad y muerte en el África Subsahariana. Por sólo cinco dólares, podemos proveer un filtro microbiológico portátil de alta velocidad de flujo, para una persona, y que durará por todo un año.

¿Qué pasaría si tan sólo una pequeña fracción de los americanos decidiera tomar sus centavos al final del mes y los donara a los que sufren? Eso cambiaría todo, ¿no? ¿Crees que esto se podría copiar en otras partes del mundo? ¿Podrían unos cuantos centavos hacer del mundo un lugar mejor? La respuesta es un rotundo sí.

Así que déjame hacerte la pregunta inevitable: Tú, ¿tienes centavos? Esos centavos, ¿son valiosos para ti? Dios es un Dios de fidelidad, pero Él requiere de nuestra obediencia. Dios puede tomar esos centavos y cambiar vidas, pero esto es lo que tiene que pasar: ¡Tenemos que actuar! Dios es un Dios de acción y nos premia como corresponde.

Comienza hablando en tu iglesia, con tus amigos y con tus vecinos acerca del increíble valor de un centavo. ¡Inicia una campaña de “Un Centavo es Esperanza”,  en tu comunidad! Di, ¡Ya no más! y empieza a hacer la diferencia.

Recuerda, sólo son centavos. De aquí en adelante, veamos a los centavos de una manera diferente.

¿Qué es un centavo? ¿Acaso un centavo es una pequeña moneda sin valor? ¡No! Un centavo es una casa. . .un centavo es alimento para comer. . . un centavo es un cuidado de la salud apropiado. . .escuelas. . .vida. . .oportunidades. ¡UN CENTAVO ES ESPERANZA!

Stephen John Spivey

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